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martes, 9 de diciembre de 2014

RODILES EN ENTREVISTA “Cuba es un país parásito” | Super cool!!

El Nuevo Herald: “Cuba es un país parásito” | Cubanet

“Cuba es un país parásito”

Antonio Enrique González-Rodiles, Director del Proyecto Campaña por
la otra Cuba, responde a la reportera Nora Gámez: ¿Qué tipo de
transición se está gestionando ahora mismo en Cuba? ¿Cómo se podría
evitar ese traspaso de poder?







RodilesAntonio
González-Rodiles es un físico y matemático cubano de 42 años. También
es un activista político que organizó en Cuba un proyecto de
comunicación y debate cívico llamado Estado de SATS. El nombre viene del
teatro, donde el “estado de Sats” define el instante justo antes de
salir a escena, cuando el actor concentra toda su energía.

Rodiles salió a la escena política con ese proyecto de entrevistas
que son divulgadas a través de Internet y de TV Martí. Ahora se
encuentra empeñado en la campaña Por Otra Cuba, una demanda ciudadana
que exige al gobierno cubano la ratificación de varios pactos de las
Naciones Unidas.

Nadador, estudiante “conflictivo” y sobrino de un alto militar
cubano, su historia se vuelve aún más interesante pues entre la Física y
la política, emigró, primero a México, donde recibió una candidatura a
doctor por la UNAM, y luego a los Estados Unidos. En la Universidad
Estatal de la Florida (FSU) hizo una maestría en Matemáticas.

En 2011, en otro punto de giro, decide volver a Cuba, una isla de la
que “todos se van”—existe incluso una novela con ese nombre, de la
escritora Wendy Guerra. Por eso comenzamos la entrevista explorando sus
razones para regresar, nada menos que para hacer política, de la que
muchos allá están saturados. También hablamos sobre los programas
políticos de la oposición dentro de Cuba, la soberanía, el llevado y
traído tema de las ayudas financieras y el embargo.

¿Por qué decides regresar a Cuba y, además, para dedicarte a la política?

Desde joven la política me gustaba y en mi casa se hablaba mucho de
política. Desde niño crecí oyendo la Voz de las Américas, Radio Martí.
Cuando salí de Cuba por cuestiones familiares y profesionales y llegué a
EEUU, sobre todo a Miami, empecé a tener contacto con cubanos que
también les gustaba la política y vi que muchos de ellos cargaban un
gran peso: tener que abandonar su país sin poder regresar; y eso se
manifestaba en una frustración. Yo me pregunté qué quería hacer con mi
vida, si realmente quería seguir esta vía profesional y quizá, dentro de
muchos años, lamentarme que no había hecho nada por Cuba. Mi decisión
fue regresar y ver qué se podía hacer. A partir de eso surgió la idea de
Estado de SATS.

Creo que una vez que uno comienza a dar pasos en Cuba, el propio
sistema te va llevando a que tú des otro, por la misma represión. Quizá
no llegué, al principio, a hacer todo lo que estoy haciendo, sino más
bien a hacer un proyecto entre lo cultural, lo académico y lo cívico,
pero la misma naturaleza del régimen te lleva a asumir posturas más
verticales.

¿Crees que valió la pena regresar en este momento?

Yo creo que sí. Es una decisión dura, porque cuando uno llega a Cuba
se da cuenta que es un territorio del absurdo y la estupidez, por un
sistema que obliga a que la gente viva en condiciones de miseria por
gusto. El cubano es una gente emprendedora, se ve aquí en Miami y, sin
embargo, el país está hecho añicos; y eso es porque el sistema no
permite que el individuo pueda ser libre, en su pensamiento, en sus
acciones.

Yo creo que sí vale la pena, porque cuando estaba fuera de Cuba, yo
sentí que pertenecía a ese lugar, a esa casa donde crecí; y participar
en el proceso de cambiar esta situación y después reconstruir el país es
una experiencia única.

Se ha hablado mucho de la llamada “solución biológica” para
Cuba pero ¿eso no supondría que hay que esperar al momento en que Fidel y
Raúl Castro fallezcan y todo lo que suceda antes es una especie de
impasse?

Yo creo que las cosas en la historia no ocurren de forma discontinua.
Ahora mismo en Cuba se está entretejiendo de nuevo esa sociedad que
estuvo tan desarticulada durante tantos años, la gente lo está haciendo a
pesar del sistema. Todas las necesidades que empiezan a tener los
cuentapropistas, los jóvenes profesionales, los artistas empujan a una
dirección, a tratar de rescatar sus espacios y armar grupos. Los
ciudadanos están reclamando con más fuerza sus derechos, están hablando
con mucha más libertad.

¿Existe diálogo entre grupos opositores establecidos y
aquellos que no quieren ser etiquetados como tal pero quieren hacer
cierta crítica social? Por ejemplo, ¿a Estado de SATS asisten personas
que no son opositoras?

El régimen cuida mucho eso. En 2013, que tuvimos una asistencia por
encima de las 300 personas en un festival que hicimos, ellos decidieron
recrudecer la represión porque se dieron cuenta que estaban asistiendo
personas que no tenían nada que ver con la oposición.

Nosotros sí intentamos ese diálogo, hemos tenido entrevistas con
personas que no pertenecen a grupos de la oposición: un investigador de
un centro en La Habana, un cooperativista, algunos cuentapropistas…

¿Han tomado represalias contra esas personas?

Sí, siempre han tratado de amenazarlos pero de todas formas creo que
eso va en incremento. En la campaña Por Otra Cuba—que demanda al régimen
que ratifique e implemente los Pactos [de la ONU]—ahora mismo se está
repartiendo una boleta para que las personas la firmen y la entreguen
personalmente al Consejo de Estado, o la envíen por correo certificado, y
están firmando las personas que no tienen que ver con la oposición.
Creo que el trabajo está llegando pero lleva esfuerzo y sistematicidad.

Hay mucho énfasis en tu trabajo y en el de otros opositores
en los derechos humanos. Aunque fue un tema fundamental en las
transiciones en Europa del Este, ¿crees que centrar las demandas de la
oposición en los derechos humanos está funcionando como estrategia
política en Cuba?

Creo que sí, pero hay que buscar la arista que les interesa a las
personas. Por ejemplo, los cuentapropistas ahora están totalmente
indefensos contra el sistema, no tienen los mecanismos para demandar a
un inspector, o que se les bajen los impuestos. Y se están dando cuenta
que sí necesitan de un sindicato independiente, de un abogado
independiente que los pueda defender. Depende de cómo enfoquemos el tema
de los derechos humanos.

Dentro de ese tema está la libertad de asociación, y ella implica
sindicatos libres, grupos gremiales y hay una demanda de todo esto en el
país, pero hay que explicarle al ciudadano común cómo se relacionan
esos derechos humanos—que es algo abstracto— con la vida cotidiana.

Algunas personas notan la ausencia de un programa social
dentro de la oposición ¿Es una elección no centrarse en temas sociales?
¿Eventualmente esto ocurrirá?

No puedo hablar en nombre de todos los grupos de la oposición, te
hablo en nombre del trabajo que hacemos nosotros. Sabemos que la
aparición de partidos políticos con programas de trabajo llegará
obligatoriamente. Desde mi perspectiva, el tema que toca ahora a la
oposición, principalmente, es abrir las compuertas para que la sociedad
pueda ocupar los espacios que le tocan. La misma forma de trabajo del
gobierno no permite que se puedan articular grupos coherentes, con todo
un programa bien estructurado, con el capital humano necesario para
trabajar en estos programas y la articulación de grupos más amplios. Eso
la misma represión del régimen no lo permite.

A mí me parece muy peligroso que empecemos a elaborar cosas muy
estructuradas sin un consenso y sin una base social. Creo que primero
hay que trabajar por buscar esa base social, comentándoles cuál es la
idea que tenemos sobre cómo reconstruir el país, pero no cosas muy
específicas porque eso toca a partir del momento en que se empiece a
reestructurar todo.

En Cuba todavía no se reconocen los partidos políticos, pero en EEUU,
por ejemplo, hay políticos con una agenda más liberal o más
conservadora y eso implica modelos distintos de sociedad…

Pero eso existe en Cuba. Hay grupos que hablan desde la
socialdemocracia. Particularmente me interesa más la visión liberal
clásica. Para armar ya un grupo político sí se necesita más, pero el
germen está. A mí no me gusta vivir en la fantasía, me gusta vivir en la
realidad, y el papel que me toca a mí y a los que estamos trabajando en
esta campaña Por Otra Cuba es empujar para que se abran las compuertas y
el país empiece a rearticularse y armarse como una sociedad normal. Si
no tenemos grupos estructurados, ¿en dónde hacemos política?, ¿con quién
la hacemos? La política se hace con una base social y eso es lo que el
régimen se ha ocupado de tener dispersa y atomizada.

A la hora de captar a esa base social, ¿no crees que ayudaría
tener algún tipo de demanda social que haga a la gente ver que tu
proyecto se conecta con sus vidas cotidianas?

La demanda social ahora misma está relacionada con el tema de los
Pactos. El primer paso que queremos es que se le regresen al pueblo
cubano sus libertades fundamentales. Una vez que se le regresen sus
libertades fundamentales van a aparecer los grupos gremiales, los
sindicatos, va a reestructurarse toda la sociedad, y se va a poder hacer
política en serio. Ahora nos estamos enfocando en frenar la represión,
en empujar y abrir esa puerta, enlazarle al pueblo cubano los derechos
humanos con su vida cotidiana y que entiendan que sin esos derechos, no
va a ser posible reconstruir ni hacer nada en Cuba.

¿Qué tipo de transición se está gestionando ahora mismo en Cuba?

Cuando colapsa el muro de Berlín, muchos analistas tienden a creer
que todo va a moverse hacia las democracias liberales. Y la historia
demostró que no. Han aparecido nuevas formas de autoritarismo que usan
las mismas herramientas de la democracia, hacen elecciones, tienen una
supuesta prensa libre y una supuesta sociedad civil, pero al final, lo
que logran construir es una democracia falsa. Ese es el dilema que hay
en Cuba: si nos vamos a mover a un autoritarismo con estas condiciones o
si nos vamos a mover a una democracia.

En Cuba estamos ante ese gran riesgo, que el país se mueva hacia el
autoritarismo, apoyado por países latinoamericanos a los que les está
siendo atractiva este tipo de dinámica social. Y ahí tenemos que ser muy
verticales nosotros y por decirlo de alguna forma, muy radicales. Yo no
quiero que la clase que está en el poder en Cuba ahora, herede a su
familia, a sus aliados, y tengamos un autoritarismo capitalista por los
próximos 20 o 30 años. El resultado final lo sabemos previamente: van a
construirse las mafias, el crimen organizado va a estar allá adentro, el
tráfico de drogas, el tráfico humano—que ya está funcionando con
bastante fuerza a través de México conectado con el grupo de los Zetas,
que mueve a los cubanos en territorio mexicano para que crucen la
frontera. Desde Cuba no vamos a descubrir nada nuevo: si se va hacia el
autoritarismo capitalista, sabemos lo que vendrá en el mediano plazo; si
va hacia una democracia, habrá grandes retos.

¿Cómo se podría evitar ese traspaso de poder?

El trabajo dentro de la isla debe incrementarse, desde la oposición, y
también el apoyo de la comunidad internacional. Creo que sería nefasto
que la comunidad internacional acepte este tipo de transferencia de
poder en Cuba y le de un cheque en blanco a Raúl Castro y no siga
ejerciendo presión. Por eso creo que el embargo es tan importante en el
caso de Cuba; eliminar las sanciones en un momento en que ellos están
desesperados buscando financiamiento sería fatal, porque les permitiría
hacer esa transferencia.

Hay veces que se discute si fue o no efectivo, pero lo que sí es real
es que si en este momento el régimen recibe los fondos y los recursos
que necesita, va a poder hacer esa transferencia y tendremos a esos
grupos políticos durante los próximos 30 años.

Hay personas que alegan que un levantamiento de las sanciones
ayudaría también a la democratización del país. ¿Qué crees de este
argumento?

Yo creo que es muy ingenuo. Ahí tenemos el caso de Venezuela, contra
Venezuela no hay ninguna sanción económica. Y mira lo que está pasando.
Leopoldo López está preso, ahora se está hablando que María Corina
[Machado] va a ir presa, la represión ha sido intensa, han creado grupos
para-policiales que reprimen impunemente sin ninguna responsabilidad
legal. Decir que porque van a visitar Cuba un más o un poco menos de
norteamericanos eso va ayudar a que el país transite hacia la
democracia, es demasiado ingenuo y es desconocer lo que ha pasado en el
mundo.

Pero quienes están a favor de la normalización consideran que el
embargo solo pone más presión al pueblo. Dentro de Cuba, muchos tienen
también esa impresión.

La gente sabe que el problema es Fidel Castro, la gente lo dice en la
calle. A estas alturas del partido todo el mundo sabe que los
responsables de la situación que estamos viviendo es esa élite que está
en el poder, que ha acumulado riquezas, que tiene a su familia viviendo
en condiciones muy distintas a las que viven el resto de los cubanos.
Las personas también están claras de quién está todo el tiempo poniendo
restricciones, en la Aduana, para los micronegocios. Es el Estado, es el
sistema.

La mayoría de los cubanos estamos claros también de que nos
mantenemos viviendo por las remesas que vienen de EEUU y el envío de
bienes y medicamentos es descomunal. El embargo, por una parte, sí tiene
que ver con el otorgamiento de créditos, con los viajes de los
norteamericanos, con la transferencia de algunas tecnologías pero, por
otra parte, el cubano común, que no está implicado en temas de política,
sabe muy bien que se mantiene viviendo por su familia que está en EEUU y
que le envía los medios para sobrevivir.

Grupos dentro de la isla que tienen arraigo en intelectuales y
académicos plantean la cuestión de la soberanía como el punto de
distinción entre lo que sería una oposición “leal” y otra oposición sin
adjetivos que se supone desleal. ¿Cuál es tu postura en este tema?

Para mí la soberanía radica en el individuo, no radica en un ente
abstracto, que desconozco qué cosa es. Como ser humano, la soberanía
significa para mí que yo tenga mis libertades fundamentales y que yo
pueda asociarme, integrarme a grupos que me interesan y así ir generando
las cosas a nivel de las instituciones, pero basado en las libertades
fundamentales del individuo.

Yo no entiendo a qué llaman soberanía cuando tienes un país donde los
individuos tienen que depender del dinero que le mandan familiares que
están viviendo dentro del “imperialismo”. Es absurdo, que el país
dependa siempre de otro país, que sea un país parásito, primero de la
Unión Soviética, ahora de Venezuela. Cuba es un país parásito. ¿En qué
radica la soberanía en Cuba? ¿Radica en que se permita que un número de
personas ostenten el poder por tantos años y aplasten a los demás? Yo no
lo entiendo.

Para mí la soberanía tiene que ver con mis libertades fundamentales y
que yo sea una persona próspera y que pueda desarrollarme. Lo demás es
pura palabrería que al final lo que está buscando es esconder un
totalitarismo que ya se hace insoportable para todo el mundo, son 55
años.

Otro tema muy debatido es la relación de la oposición con el
gobierno de EEUU. Existe una ayuda aprobada por el Congreso para apoyar a
la disidencia interna y ese ha sido el punto más explotado por el
gobierno cubano, que acusa a los opositores de ser “neoplattistas” ¿Qué
puedes responder a quienes alegan que la oposición que tiene vínculos
con el gobierno de EEUU no es “leal” y no quiere la soberanía del país?

Lo que ha ocurrido es que no solamente los cubanos, los latinos nos
hemos ido anexando a la Florida. En la práctica, la Florida es la puerta
de entrada de América Latina a EEUU. Cuando transito por las calles de
Miami, lo que veo es la cultura cubana.

Hay que entender que el mundo está globalizado; cuando hablamos de
“plattismo”, estamos hablando de algo de finales del siglo XIX [sic] y
estamos en el siglo XXI con dinámicas distintas. De hecho los espacios
ya no son solo físicos, está el ciberespacio. Yo creo que hablar en esos
términos es repetir un discurso gastado. Estar hablando de estos
nacionalismos tan verticales me parece absurdo. Yo no he escuchado nunca
la intención de ningún gobierno de que Cuba sea parte de su territorio.

Sobre el tema de las ayudas, generalmente son ONGs—no solamente en
EEUU, en Europa también—que tienen relación con la incipiente sociedad
civil cubana y tratan de ayudar; eso es lo que pasa normalmente en todas
partes.

Pero, ¿crees que el hecho de que el gobierno de EEUU destine
un dinero para la democratización de la isla ha beneficiado o ha sido
perjudicial para la imagen de la oposición dentro de Cuba?

¿Qué hace el régimen de La Habana en Venezuela, en Bolivia y en otros
países? Ellos han hecho cosas incluso mucho peores, han puesto a la
Seguridad del Estado al servicio de ciertos grupos de poder y han
ayudado a preparar a todos estos grupos parapoliciales. Eso sí es una
intervención ofensiva. En este otro caso no, se destinan ayudas, ahora
mismo a personas que han salido a conocer realidades de otros países, en
Europa, en América Latina. Yo creo que eso es parte de lo que ocurre en
este mundo actual. Ahí hay una mezcla, no solo son gobiernos, las ONG
reciben parte de ayuda privada, parte de gobiernos y la destinan a
capacitación de grupos de la sociedad civil en países donde la situación
es más difícil.

Ahora mismo hay un debate en la prensa estadounidense sobre
si los programas de ayuda a la democratización son pertinentes o no, que
se inserta en un debate mayor sobre la política exterior hacia Cuba…

El caso de Cuba es muy particular. Quizá en otros países quien está
tratando de desarrollar un proyecto puede generar sus propios fondos,
pero en el caso cubano… En mi caso particular, mis padres rentaban
habitaciones a turistas, lo primero que pasó cuando comenzamos a
realizar estas actividades fue la amenaza de que “le vamos a quitar la
casa y la licencia”. Lo que hicieron fue tratar de cortar todas las vías
de entrada de dinero. No es lo mismo una dictadura que un
totalitarismo, son dos cosas distintas. Este logra controlar todos los
aspectos de la vida y logra cortarte la posibilidad de generar tus
propios recursos, mucho más para hacer un proyecto que pueda retar al
poder vigente. Todo eso está fríamente calculado. Decir que el cubano
puede internamente generar los recursos para poder contribuir a un
cambio de régimen es totalmente absurdo.

Al cabo de dos años de la reforma migratoria que permitió a
opositores salir fuera del país, ¿qué balance haces de esta experiencia?

Como todo en la vida tiene lados positivos y negativos. Para algunos
ha sido importante poder salir. En mi caso [he podido] estar mucho más
activo en la cuestión de la ratificación de los pactos. Recientemente,
pude tener una entrevista con Christian Leffler, que es el negociador
por parte de la Unión Europea (UE) y con distintas cancillerías. Es muy
importante tener ese contacto personal.

Hay muchas críticas también de personas que están saliendo, que no
están capitalizando los viajes en resultados políticos o para sus
profesiones. En la medida que pase el tiempo, los mismos grupos con los
que se hacen los intercambios irán dándose cuenta quiénes pueden
resultar más efectivos. No solamente los errores son de los que estamos
en Cuba, también [son] de los grupos que están fuera. Es bueno que se
cuestione porque obliga a un debate y a que las cosas sean más
eficientes. El resultado general es positivo.

¿Has notado algún aumento significativo de acciones represivas?

El régimen está ensayando nuevas estrategias. En los últimos días,
hemos visto incidentes dentro de los grupos opositores. Eso responde a
una premura de hacer movimientos más atrevidos y mostrar un rostro
distinto hacia la comunidad internacional. La estrategia ahora es usar
personas que están dentro de los grupos opositores o usar personas que
“sembraron” para generar estos conflictos.

Sí tengo que decir que, en algunas ocasiones, con la intención de
crecer y tener más impacto, han entrado en los grupos opositores
personas que no serían en ningún lugar del mundo tomadas como defensoras
de derechos humanos. Es parte de la crítica que tiene que existir
dentro de la oposición. El movimiento opositor en Cuba tiene que tener
un perfil muy claro de las personas que desea que estén dentro de él
para que realmente se gane un prestigio dentro de la sociedad cubana. De
lo contrario, el gobierno va a usar eso para tratar de denigrar al
movimiento opositor.

Te has reunido con Christian Leffler, que está al frente de
las negociaciones entre Cuba y la Unión Europea para la firma de un
nuevo acuerdo bilateral ¿Qué se puede esperar de esas negociaciones?

Posiblemente, y es lo que esperamos, siga el mismo cauce de otros
procesos de negociación que se han suscrito con otros países. Mi
impresión es que la UE no va a separarse de lo que regularmente fija con
otras naciones y la UE tiene dentro de su constitución el tema de
derechos humanos como algo fundamental; creo que eso estará en el caso
de Cuba

Me pareció excelente que el canciller español [José Manuel García]
Margallo, cuando fue a Cuba, mencionó el tema de los pactos como un paso
inicial para destrabar la situación que se vive en el país. No creo que
haya sido iniciativa propia, es parte de un consenso en los países
europeos. Me agrada porque ha sido un proceso largo el poner esta carta,
desde nuestra parte, en ese proceso de negociación y está funcionando.

Puede seguir a Nora Gámez Torres en Twitter por @ngameztorres
PUBLICADO EN EL NUEVO HERALD 







EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

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