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miércoles, 1 de marzo de 2017

Río Mar, un paladar vigilado por Alejandro Castro

Río Mar, un paladar vigilado por Alejandro Castro



EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO



Río Mar, un paladar vigilado por Alejandro Castro

por Juan Juan Almeida





paladar
Inusual
combinación de poder se empecina en colocar a Río Mar, un restaurante
privado, en el banquillo de los acusados. ¿Quién viola las reglas esta
vez?
Río Mar
ocupa un espacio envidiable, se encuentra sobre la orilla oeste del río
Almendares, justo en la desembocadura, frente al otrora Torreón de Santa Dorotea de la Luna de la Chorrera, fortaleza erigida en 1646, hoy Mesón de La Chorrera,
y ese pequeño detalle le otorga un valor agregado junto al pedigree de
sus dueños: la siempre observada y muy estigmatizada familia de los ex
militares condenados en 1989, Antonio y Patricio de La Guardia.
Ubicado en la 3ra avenida entre calle C y Final, La Puntilla,
barriada de Miramar; Río Mar se ha convertido en la preferencia de
clientes nacionales e internacionales que le califican como uno de los
mejores de Cuba. Abierto desde el 2012, el paladar mantiene una
inmejorable oferta que mezcla, en su justa medida, calidad gastronómica,
exquisito servicio y un delicioso entorno, amén de la fabulosa vista de
La Habana y su malecón.
Lo
preocupante en este caso no es la supremacía de mandos que existe en la
isla, sino ver y aceptar con pasmosa tranquilidad que los poderes
judicial y legislativo funcionan como un bufete privado al servicio del
ejecutivo que, en Cuba, además de ser sinónimo de Castro, entorpece el
desempeño del trabajo por cuenta propia y de toda la sociedad.
Vecinos
del lugar aseguran que Río Mar no viola el horario de cierre
establecido por la ley para este tipo de inquietud empresarial, no
incumple las normativas que regulan el bullicio, no se le puede acusar
de incurrir en trámites fraudulentos en la compraventa de la vivienda
porque el inmueble, de siempre, pertenece a la familia. Pero fuentes
cercanas al proceso investigativo aseguran que la jugarreta al negocio,
no se origina en el grupo de atención al trabajo por cuenta propia, que
es la entidad encargada de velar por la organización, el control y de
regular todo lo concerniente a la iniciativa privada, tampoco en el
Tribunal, ni en la Policía, mucho menos en el Consejo de Administración Provincial.
La investigación fue autorizada por la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, ese inquietante grupo con cara y sin identidad legal, y ordenada por la Contraloría General de la República de Cuba,
que es el engranaje estatal creado para ejercer la fiscalización sobre
los órganos del poder público, la administración de su patrimonio, y la
prevención y lucha contra la corrupción administrativa, no para gastar
recursos investigando a pequeños negocios privados.
“Tremenda
canallada. Mira, no soy inspector, ni dueño, ni tengo acceso a la
información que pueda manejar la Contraloría…ni ocho cuartos. No tengo
más datos que el conocimiento de trabajar en este restaurant y eso me
permite saber que esta gente no entra en ilegalidades y que respeta las
normativas que regulan a los cuentapropistas porque ellos saben, mejor
que nadie, que su apellido los mantiene constantemente bajo el ojo
acusador del gobierno y sus secuaces”, asegura, con auténtica
virulencia, un trabajador del lugar.

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