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domingo, 16 de abril de 2017

CARLOS ALBERTO MONTANER: Mega Fraude en #Ecuador

CARLOS ALBERTO MONTANER: Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador | Reportero24



EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO



CARLOS ALBERTO MONTANER: Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador







CARLOS ALBERTO MONTANER, Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador


Según todos los síntomas, en

Ecuador ganó la oposición…




En Ecuador –afirma el gobierno– las elecciones del 2 de
abril las ganó la “revolución ciudadana” y la perdieron los “pelucones”.
“Revolución ciudadana” es la forma local de llamarle a la voluntad
omnímoda de Rafael Correa. Allí se hace lo que a este señor le da la
gana. “Pelucones” son todos los que se oponen a ella. Lo que en
Venezuela denominan “escuálidos” y en Cuba “gusanos”.
Pero no sucedió así.
Sencillamente, hubo fraude. La trampa estuvo precedida por el prefraude y
ahora estamos en la fase del posfraude.


Me explico. El prefraude es la etapa en
la que se crea el clima ideal para consumar el engaño. Se cambia o
adapta la legislación, se controlan los órganos electorales, y se
introducen métodos electrónicos fácilmente manipulables.


Simultáneamente, se silencian los medios de comunicación
independientes, y el dictador, disfrazado de presidente democrático,
coopta los poderes legislativo y judicial para acogotar a cualquiera que
ose criticarlo. Primero fragua una legislación ambigua, perfecta para
iniciar las persecuciones, y luego suelta a los fiscales del Estado,
como los cazadores liberan a sus perros de caza, para que acosen y
atrapen a quienes se atreven a denunciar la falta de libertades. Algunos
de los opositores van a parar a la cárcel o al exilio.


Naturalmente, se crea una atmosfera de terror. La mayor parte de las
sociedades sometidas a esta violencia propenden a guardar silencio y a
la obediencia dócil. Sólo protestan a pecho descubierto los más audaces y
comprometidos. Los que mejor entienden cuanto sucede.


El fraude es el delito cometido durante el proceso electoral.
Primero, se prepara comprando algunas encuestas que dan como virtual
ganador al candidato oficialista. Y luego se lleva a cabo mediante el
control del registro de votantes –los muertos continúan sufragando, se
crean ciudadanos virtuales–, pero el truco mayor es el diseño
sofisticado del software.


Es posible graduar exactamente con qué porcentaje se desea triunfar y
dónde colocar los votos decisivos. La máquina interpreta los algoritmos
programados y ofrece los resultados solicitados de una manera casi
imperceptible. Esto se hace en minutos, generalmente cuando,
oportunamente, se interrumpe la electricidad. (En todas partes cuecen
habas. No sólo en el Tercer Mundo. En el condado de Miami-Dade, en
Florida, cuando se decidía en una consulta el destino millonario de los
casinos, dos computadoras “mal programadas” invertían los “sí” y “no”
para darle la victoria a quienes favorecían la creación de casas de
juego fuera de las reservas indias. Las máquinas fueron descubiertas y
los resultados invalidados).


En Ecuador estamos en el posfraude. El órgano electoral, obediente y
dependiente del poder, para darle a esa “victoria” una apariencia de
verosimilitud, ya proclamó el triunfo de Lenín Moreno por una pequeña
fracción. Nadie hubiera creído que el oficialismo ganaba por goleada
cuando la predicción es que iba a perder. Sucedió lo mismo que en las
elecciones venezolanas del 2013, cuando los resultados se acomodaron al
éxito de Nicolás Maduro frente a Henrique Capriles, quien, a todas
luces, había conseguido prevalecer con cierta holgura.


El posfraude le concede al régimen una pátina de legitimidad
suficiente para contentar a los factores internacionales. Todos aquellos
elementos –el Departamento de Estado norteamericano, el Vaticano con su
papa peronista, la OEA– que prefieren la estabilidad a la verdad
impredecible e incómoda de que hubo fraude, probable origen de
desórdenes, se sienten aliviados y no vacilan en avalar los resultados.
Al fin y al cabo, en muchas elecciones, como en México o Colombia,
también hay fraudes.


Pero hay una diferencia. En los países del Socialismo del Siglo XXI
(por ahora Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua) el fraude
–condenable en todas las latitudes– es un instrumento para el
mantenimiento de regímenes que nada tienen que ver con las democracias
liberales a las que todos esos países (menos Cuba, que es una franca
dictadura comunista), dicen pertenecer.


Todos juegan con la apariencia de un Estado de Derecho, dotado de una
Constitución que garantiza las libertades, con separación de poderes,
partidos políticos libres que participan en comicios abiertos, en el que
las transacciones comerciales responden al mercado, y en los que
supuestamente funciona la alternancia en el poder, pero todo es una
mentirosa ilusión.


La verdad se la leí hace unos años a Salvador Sánchez Cerén, un viejo
comunista exguerrillero salvadoreño, hoy presidente de ese país. En esa
época era candidato de la oposición a vicepresidente y gobernaba el
partido ARENA. Dijo, y cito de memoria, que cuando llegaran al poder
terminaría la alternancia. El gobierno totalitario, como el amor, o como
el odio, es para siempre. Como se ha visto en Ecuador.


*Carlos Alberto Montaner. Periodista y escritor
cubano residente ente Madrid y Miami, Carlos Alberto Montaner es
conocido por su trabajo como ensayista y columnista en medios como El
Mundo, ABC o Libertad Digital en España y en numerosos otros medios en
Latinoamérica y EEUU. Su último libro es la novela ‘Tiempo de canallas’.

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